Parece que está nevando, la Ceiba está pariendo

Es el ciclo de fructificación del árbol sagrado

Semillas envueltas en algodones cubren los suelos y todo a su alrededor.

 

 

Erguida con gallardía, es el eje del mundo que conecta los tres planos del cosmos: inframundo, tierra y cielo. En primavera regala un espectáculo que asemeja una nevada en Alaska y deja un aspecto como el que cubre el pico de Orizaba o el Popocatépetl.

 

En efecto, no puede estar nevando, -no en Chiapas y menos en esta temporada- es solo un ciclo que se cumple, un proceso que da vida. Es la Ceiba que está pariendo.

La Ceiba pierde su follaje durante esta época del año, entonces sus gigantescas copas desnudas se cubren de flores que producen litros de néctar, un manjar para muchas especies, su fructificación es uno de los más bellos espectáculos que se pueden presenciar.

Pareciera el desprendimiento natural de un óvulo maduro del ovario que puede ser fecundado. Es que su fruto que se asemeja a un higo expulsa semillas envueltas en algodones que al caer en la tierra y con las condiciones adecuadas puede germinar.

Para los mayas yucatecos es “La Ceiba o Yaxché”; para los chiapanecos “Pochota”; para ambos es el árbol sagrado, es la fuerza de la resistencia y la sabiduría.

Estos árboles que entran dentro del tipo de plantas angiospermas o bien plantas con flores, son un equilibrio natural por un sinfín de razones. En algunos pueblos de Chiapas se encontraban Ceibas situadas como referencia y símbolo en los caminos de entrada o salida.

La fibra que cubre sus semillas tiene un poder de flotación cinco veces mayor que el corcho y es ocho veces más ligera que el algodón, pero también es quebradiza por lo que no se presta para el hilado ni el tejido.

Se usa como relleno de colchones y almohadas pues no genera alergias. Por su facilidad para quemarse, también se utiliza en la fabricación de explosivos y en piezas de pirotecnia, entre una infinidad de usos.

 

Dentro de los ejemplares icónicos en Chiapas resalta “La Pochota” de Chiapa de Corzo, que vio a los españoles fundar a su alrededor a una de las primeras ciudades del continente en el siglo XVI, además de la de Tuxtla Gutiérrez que se ubicada en la entra poniente de la ciudad y que murió hace años, dicen que por descuido.

 

La Ceiba aporta a la conservación de suelo, al control de la erosión, a la mejora de la fertilidad del suelo y rehabilita tierras de cultivo pobres o degradadas, sin embargo su cultivo no es promovido en el país.

 

Parece que está nevando, la Ceiba está pariendo – Semillas envueltas en algodones cubren los suelos y todo a su alrededor. – Es el ciclo de fructificación del árbol sagrado Erguida con gallardía, es el eje del mundo que conecta los tres planos del cosmos: inframundo, tierra y cielo. En primavera regala un espectáculo que asemeja una nevada en Alaska y deja un aspecto como el que cubre el pico de Orizaba o el Popocatépetl. En efecto, no puede estar nevando, -no en Chiapas y menos en esta temporada- es solo un ciclo que se cumple, un proceso que da vida. Es la Ceiba que está pariendo. La Ceiba pierde su follaje durante esta época del año, entonces sus gigantescas copas desnudas se cubren de flores que producen litros de néctar, un manjar para muchas especies, su fructificación es uno de los más bellos espectáculos que se pueden presenciar. Pareciera el desprendimiento natural de un óvulo maduro del ovario que puede ser fecundado. Es que su fruto que se asemeja a un higo expulsa semillas envueltas en algodones que al caer en la tierra y con las condiciones adecuadas puede germinar. Para los mayas yucatecos es “La Ceiba o Yaxché”; para los chiapanecos “Pochota”; para ambos es el árbol sagrado, es la fuerza de la resistencia y la sabiduría. Estos árboles que entran dentro del tipo de plantas angiospermas o bien plantas con flores, son un equilibrio natural por un sinfín de razones. En algunos pueblos de Chiapas se encontraban Ceibas situadas como referencia y símbolo en los caminos de entrada o salida. La fibra que cubre sus semillas tiene un poder de flotación cinco veces mayor que el corcho y es ocho veces más ligera que el algodón, pero también es quebradiza por lo que no se presta para el hilado ni el tejido. Se usa como relleno de colchones y almohadas pues no genera alergias. Por su facilidad para quemarse, también se utiliza en la fabricación de explosivos y en piezas de pirotecnia, entre una infinidad de usos. Dentro de los ejemplares icónicos en Chiapas resalta “La Pochota” de Chiapa de Corzo, que vio a los españoles fundar a su alrededor a una de las primeras ciudades del continente en el siglo XVI, además de la de Tuxtla Gutiérrez que se ubicada en la ent

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