Una tregua política con sabor a traición

En la Mira/ Héctor Estrada
 
Y como se había vaticinado, el plantón magisterial en Chiapas finalmente terminó antes de que concluyera la primera mitad del mes de septiembre, en medio de incertidumbre, desacuerdos, presuntas traiciones entre los liderazgos y una evidente falta de claridad a la hora de consumar los acuerdos que dieron paso al fin de una huelga que se postergó por alrededor de 120 días.

Más allá de los acuerdos pactados en la mayor de las discrecionalidades, la forma en que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) decidió levantar el plantón en Tuxtla Gutiérrez y otros puntos del país evidentemente no fue la mejor. 

Estuvo plagada de dudas, prisas, inconformidades, turbiedades y falta de explicaciones que dejaron a muchos con el sentimiento de traición.




Ni de parte de las autoridades educativas, ni de la misma CNTE que tanto exigió transparencia en todos los procesos, hubo comunicación clara y efectiva para informar (al menos a quienes respaldaron las movilizaciones) los acuerdos finales que hicieron posible el fin de la huelga magisterial y el inicio del nuevo clico escolar para la siguiente semana.

Sin que hasta el momento haya algo oficial, se habla de un total de 11 acuerdos entre la Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de Gobernación, el Gobierno de Chiapas y la CNTE. 

Entre los “pactos” más importantes destaca lo que ya se había adelantado desde hace un par de semanas y que la SEP había salido a desmentir: la suspensión regional de la evaluación durante lo que resta de la actual administración federal.

Con un supuesto acuerdo no oficial, firmado en total secrecía, la suspensión para Chiapas de la evaluación y otros apartados de la reforma educativa se sustentó como el principal argumento para regresar a las aulas. 

Además de otros tantos pactos políticos como la eliminación de los proceso penales y administrativos contra docentes disidentes, el pago de salarios y prestaciones, la aplicación de un fondo extraordinario para infraestructura educativa y becas mensuales para aquellos normalistas que no sean seleccionados en los exámenes de asignación de plazas.

El acuerdo se convirtió finalmente en un pacto de tregua, con sus varios millones de pesos de por medio para ablandar a muchos de los líderes magisteriales que terminaron declinando la balanza a la hora de consultar la dichosa “salida política”. Por eso la reiterada necesidad de llevar a “las bases” a consulta, y así legitimar con los líderes seccionales comprables lo que ya se había acordado en la cúpula.

El tema de la reforma educativa y su aplicación en los estados más conflictivos como Chiapas será un tema bajo pausa conveniente durante el siguiente año y medio. 

Justo cuando el relevo sexenal entre en proceso. Hasta ese momento tenga usted por seguro que la insurgencia magisterial regresará a las calles para asentar el tiro de gracia a una seudoreforma educativa que el siguiente gobierno federal no deseará heredar del todo.

Por eso el fin del plantón en Chiapas no puede visualizarse como un triunfo para la lucha magisterial o del gobierno federal. Es sólo una tregua costeada con recursos públicos para sacudirle de manera temporal a Enrique Peña Nieto uno de los tantos dolores de cabeza que ya se le había postergado mucho; aunque la CNTE también habrá de pagar los costos en credibilidad y respaldo social por comercializar nuevamente sus causas. Así las cosas.

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