Roberto Domínguez, el alfil de la negociación

En la Mira / Héctor Estrada
 

Aunque se quiera disfrazar de dignidad a la remoción de Sonia Rincón Chanona de la Secretaría de Educación en Chiapas, con rumores sobre supuestas auditorias incómodas en contra de sus antecesores, lo cierto es que el fracaso de sus gestiones al frente de dicha dependencia estatal pudo advertirse desde el inicio de su errada estrategia para abordar el conflicto magisterial.

La salida intempestiva de Rincón Chanona, con poco menos de cuatro meses en el cargo, tiene razones evidentes que van más allá de presuntas auditorías internas en contra Ricardo Aguilar Gordillo. Tiene su argumento suficiente con el claro desastre en el que se ha convertido para Chiapas la insurgencia magisterial durante los últimos meses.

Si bien el conflicto no es nada nuevo, el tratamiento local dado a la problemática durante la gestión de Sonia Rincón, con una clara política de cerrazón al diálogo, autoritarismo y represión absoluta, ha llevado el asunto a niveles de combustión pocas veces vistos en Chiapas. No sólo no minimizó el conflicto, sino lo encrudeció.

Como advertí en este mismo espacio, dentro de la columna del 16 de mayo denominada “Sonia Rincón, directo a un nuevo fracaso”, la gestión de la ahora ex secretaria se hundió de forma muy prematura. Su estrategia herrada de embestir el movimiento magisterial fracasó rotundamente y arrastró con ella a la de por si desacreditada administración estatal.

Su salida ha sido un mensaje claro para CNTE en Chiapas que había colocado recientemente a la remoción de Sonia Rincón como una de las condiciones prioritarias para retomar el diálogo con las autoridades estatales. Y esa ha sido justo la primera encomienda del nuevo titular de la Secretaría de Educación, cambiar las formas que tan malos resultados han generado.

Roberto Domínguez Castellanos ha sido colocado en la Secretaría de Educación para negociar los niveles de insurgencia magisterial. Así lo dejó muy claro durante las primeras declaraciones públicas donde el discurso gubernamental de intransigencia parece haberse ablandado de la noche a la mañana.  

Y es que, si bien el tema de la inconformidad contra la reforma educativa no se va a resolver de ningún modo en Chiapas, la responsabilidad del gobierno estatal para minimizar los niveles de conflicto debido las movilizaciones de la CNTE y sus aliados es un asunto que debe tomarse con la mayor cautela e inteligencia posible, y no desde la irresponsabilidad visceral con que se ha actuado.

La Secretaría de Educación estatal para Domínguez Castellanos no es un premio a su ya deteriorada y casi dictatorial gestión frente a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), en una evidente encomienda gubernamental para “salir al quite” en uno de los momentos más complicados entre el gremio magisterial y las autoridades de los tres niveles de gobernó.

El primer reto para el ex rector de la UNICACH será conciliar con la CNTE el inicio del siguiente ciclo escolar, o al menos del proceso de inscripciones; al tiempo de buscar minimizar la radicalización de las movilizaciones magisterial que por su razón de ser son difíciles de evitar, en contexto donde las medidas de presión social parecen haberse convertido en las únicas llaves para abrir el diálogo en México.

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