Después de 65 años en unión libre, por fin dijeron ¡Sí, acepto!

Él tiene 101 años, ella 86 y juntos como marido y mujer han pasado 65 años.

Tras una vida juntos con 11 hijos, 80 nietos, 30 bisnietos y 5 tataranietos, don Antonio Hernández Gómez le pidió matrimonio al amor de su vida, a doña Verula Morales Torres.

Se conocieron en la calle 16 oriente, cuando doña Verula llegó a vivir con su hermana mayor. Y desde el primer momento que se vieron cupido los flechó.

“Desde que lo vi supe que era para mí, y él ni lo pensó porque al mes de ser novios él me robó y yo feliz me fui con él”, confiesa con una sonrisa doña Verula.

Mientras ella vestida de blanco cuenta cómo comenzó a vivir con el padre de sus hijos, don Antonio la toma de la mano para posteriormente darle un beso.

Mantener a 11 hijos no fue fácil pero a pesar de todas las adversidades que han pasado, el amor de pareja hizo que permanecieran juntos, hoy más enamorados que nunca.

“Pasamos de todo, nos costó mucho sacar adelante a los hijos, pero nunca nos faltó nada porque él siempre trabajó mucho. Hoy todo lo que tenemos es gracias a que entendimos que para hacer algo teníamos que caminar de la mano, anteponiendo nuestro matrimonio”, comenta doña Verula.

Actualmente, Don Antonio tiene una salud un tanto mermada pero eso no es impedimento y con muchas fuerzas se declara muy enamorado de su mujer.

“Yo siempre quise casarme con ella pero no teníamos mucho dinero, luego vinieron los hijos, los nietos y te das cuenta que no necesitas un papel para amar y comprometerte con alguien. A mí me unía a ella un amor que no puedo explicar, y hoy estoy muy feliz porque iremos juntos de la mano al altar para que Dios nos de la bendición y nosotros le demos gracias por permitirnos estar mucho tiempo juntos”, dijo don Antonio.

Tras escucharlo, doña Verula vuelve a sonreír y le dice “vos, tanto que te aguanté. Cómo no iba a a quererte. Me tardé en aceptar casarme pero todo pasa en su justo momento”.

La boda de doña Verula y don Antonio se efectuó el sábado por la noche al oriente de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Al entrar a la iglesia sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos lloraban de emoción al verlos presentarse ante Dios como un ejemplo de que solo se necesita amor para que una relación perdure.

Hoy doña Verula y don Antonio son oficialmente esposos y juntos acabarán sus días, agarrados de la mano dando fe que el amor sí existe.

 

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