Homofobia corroe al Congreso de Chiapas

En la MiraHéctor Estrada
 

Lo sucedido en Xalapa hace tres semanas y en Orlando, Florida, la madrugada de este domingo dejan de manifiesto las graves consecuencias que pueden generar los persistentes mensajes de odio promovidos desde algunos templos, templetes y cargos públicos, donde la intolerancia, la homofobia y el rechazo irracional a las diferencias tienen sus guaridas más peligrosas.

Desde hace unas semanas los líderes de la iglesia católica en Chiapas, muy lejanos al discurso conciliador del Papa Francisco, se han empecinado en expresar públicamente su reiterado rechazo al reconocimiento legal de las familias LGBTI, argumentando el ya desgastado discurso de lo “antinatural” y “aberrante” que para ellos resulta el asunto que, por cierto, es competencia exclusiva del Estado.

Las más escandalosas e indignantes declaraciones respecto al tema en Chiapas corrieron a cargo de las asociaciones evangélicas en la entidad, encabezadas por Clever Salazar Mendiguchía, quienes –incluso- se atrevieron a comparar a la homosexualidad con la pedofilia, exhortando al Congreso de la Unión y el Congreso e Chiapas a legislar priorizando los “mandatos de Dios”, sobre lo que denominaron “leyes terrenales”.

Sin embargo, lo más grave del asunto no recae en las desafortunadas posturas religiosas que se oponen (como desde hace siglos) a las libertades individuales y los Derechos Humanos. Lo alarmante del asunto es la existencia en el Congreso estatal de legisladores llenos de prejuicios, con clara tendencia homofóbica y una postura evidentemente contraria a los mandatos constitucionales.

Y es que ayer, en medio de la indignación mundial por los atentados homofóbicos de Orlando, Florida, después de un año de silencio respecto al tema, el presidente de la Mesa Directiva del Congreso de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, fijó su postura pública contra la familia homoparental (homosexual), sugiriendo su antinaturalidad e inexistencia como familia misma.

En un lamentable comunicado de prensa, el diputado plurinominal por el Partido Verde Ecologista de México aseguró que “la adopción homoparental transgrede los derechos de las y los niños a crecer en una familia”, desconociendo por lo tanto la configuración de las uniones entre personas del mismo sexo como familias; ya reconocidas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la propia Constitución Mexicana.

El presidente del legislativo estatal sugirió además lo “antinatural” de las familias homoparentales al calificar a la familia en general como la célula social compuesta por “el rol natural de la mujer y el hombre”. Una alarmante postura ya derribada por las ciencias médicas, sociales y del derecho internacional que atenta directamente contra los Derechos Humanos, lo ya resuelto por la SCJN y el artículo primero constitucional.

Lo anterior se suma a la postura asumida por la legisladora panista Fabiola Ricci quien, contradictoriamente, pese a formar parte de la Comisión de Equidad de Género, se ha opuesto rotundamente a dejar pasar la iniciativa de matrimonio igualitario elaborada e impulsada por gran parte de la comisión legislativa que ella integra.

A la legisladora se le ha vinculado directamente con la asociación de iglesias evangélicas y su postura pública emitida la semana pasada donde se incitó al rechazo generalizado contra las uniones legales y afectivas entre personas homosexuales, lo que, además, significaría una evidente postura discriminatoria y homofóbica.

La existencia de un Congreso chiapaneco plagado de homofobia y discriminación flagrante en sus entrañas activa las alertas de riesgo más intensas para un poder legislativo en México donde los legisladores deben tener la única obligación de hacer valer la Constitución y los derechos igualitarios para todas y todos los mexicanos, más allá de cualquier creencia personal. Sin embargo, en el Congreso local las cosas parecen asumirse de manera contraria.

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