Se visten de cibercafés; funcionan como hoteles

 Descubre cómo es un sitio de estos, ubicados en su mayoría en el centro de Tuxtla, cuyo funcionamiento va más allá del envío de correos o la realización de trabajos escolares.

 

ERIKA ESPINOZA/ ALERTA CHIAPAS

En el centro de Tuxtla Gutiérrez, lleno de tiendas con sus escaparates y vitrinas, también hay lugares no tan obvios a primera vista, pero bien identificados por quienes los usan de manera frecuente. El letrero indica que se trata de un cíber, pero su uso va más allá de enviar correos y checar redes sociales.

Para entrar, te encuentras con un timbre que hay que “tocar para que te abran… la puerta”. Después, hay que ascender por las escaleras dispuestas en un pasillo estrecho, que son la entrada al lugar. Ya arriba hay una recepción, donde se puede esperar a que se desocupe una cabina, en caso de que haya cupo lleno.

No es fortuito que una hora de internet en este lugar cueste hasta cuatro veces más que en un ciber común, y es que por 25 pesos la hora, se puede tener tanta privacidad que uno se olvida de estar en el ruidoso centro de Tuxtla Gutiérrez. Claro que privacidad, no significa silencio.

Una puerta separa a la recepción de las cabinas, o en otros casos al pasillo en el que están dispuestas; al traspasarla, todo se vuelve oscuridad y los ojos tardan unos segundos en adaptarse a las condiciones de escasa luz. Cada cabina tiene una puerta, todas numeradas, por lo que hay que ingresar al número que marca la ficha que es otorgada en la recepción.

Las cabinas son muy reducidas, de uno por dos metros, aproximadamente; apenas entra la silla y la máquina y no hay iluminación más que la que emana del monitor. De repente, en la recepción ponen música a todo volumen: lo que pasa en las cabinas, se queda en las cabinas. El historial de algunos de estos cibers está lleno de páginas porno, para todos los gustos, desde colegialas hasta homosexuales, y hay envolturas de condones en el piso o junto a la computadora.

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En otros, si llegas temprano encontrarás el historial convenientemente vacío, como si lo limpiaran cada día. Además, de pronto te das cuenta que la música exterior se mezcla con gemidos provenientes de otra cabina, sin distinguir si son sonidos reales o si se trata del audio de un video que se está reproduciendo.

Se oyen pasos. Alguien abre la puerta detrás de mí, la puerta de mi cabina, porque se me olvidó cerrar con seguro. ¿Será alguien que busca la procedencia de aquellos gemidos para silenciarlos, o será alguien que se quiere unir a ellos?

Aunque los ojos se acostumbran a la oscuridad, el cuerpo se acalora cada vez más, todo está encerrado, no hay ni siquiera ventanas, y hay algo en el ambiente que hace que aumente la temperatura. Es hora de escapar de aquel lugar tan misterioso, donde prevalece el fuerte olor a limpiador de pisos, mezclado con un aroma humano, sin querer aventurarse a descubrir su procedencia.

25 pesos, cuesta la hora en una cabina

Al salir, paso por la puerta para regresar a recepción, apenas la cierro, alguien la abre detrás de mí, como para asegurarse de que la cabina número 1 ha quedado vacía. Devuelvo la ficha, pago los 25 pesos y bajo las escaleras para volver a salir al sol, al barullo de los carros y la gente, que hacía unos minutos se escuchaba tan lejano.

Investigando estos establecimientos La mayoría de estos negocios están en el primer cuadro de la ciudad, nombres como “Ciber Space” o “Touch” indican su ubicación. Hay uno sobre la 1a Sur entre 4a y 5a Poniente, otro sobre la Calle Central entre 5a y 6a Sur, otro muy cerca, sobre la 6a Sur, mientras que uno más, en la 4a Poniente entre Av. Central y 1a Sur, luce un sello de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), indicando que está asegurado según el expediente DBA/368/2014-IV.

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El secretario municipal de salud de Tuxtla Gutiérrez, Mario Ernesto Velasco Zenteno, explica que son dos los negocios de este tipo ya clausurados desde octubre o noviembre, donde se encontraron evidencias de pornografía y otro tipo de actividades que incitan a la prostitución.

Son dos los pseudo cibers los clausurados, donde se encontraron evidencias de pornografía y otro tipo de actividades que incitan a la prostitución.

Y es que en las calles se rumora que estas cabinas privadas son el punto de reunión preferido de parejas, en su mayoría homosexuales, que los frecuentan asiduamente. Es así como las autoridades municipales, la PGJE a través de la Fiscalía Especializada Contra la Delincuencia Organizada (FECDO) y la Fiscalía Especializada en Atención a los Delitos en Materia de Trata de Personas, han realizado operativos en los mismos.

“Estas clausuras son definitivas, no temporales, aquí no proceden multas porque eso se aplica cuando se les va a permitir seguir funcionando, pero en este caso no porque los lugares capitalinos donde de cierto modo se tolera el sexoservicio están ubicados en la Zona Galáctica; si tenemos denuncias o nos enteramos de casos similares actuaremos en consecuencia”, afirmó.

El secretario añadió que también han clausurado hoteles sin regularización con evidencias de estas prácticas, y que existen casos muy particulares de algunos centros con espacios destinados al trabajo sexual que están en proceso de construcción, por lo que se les permite operar en la capital mientras se construyen, con la debida regulación, así como análisis a las mujeres sexoservidoras que se dedican a esta actividad.

Aunque al principio estos establecimientos se presentaron como una buena idea para tener privacidad al navegar por la web, lo cierto es que el uso que se les ha dado se acerca más a un prostíbulo o motel de paso que a un lugar para trabajar a gusto, lo que les ha costado incluso el cierre a algunos de ellos, mientras que otros siguen operando para ofrecer internet a puerta cerrada.

 

 

El historial de algunos de estos cibers está lleno de páginas porno, para todos los gustos, desde colegialas hasta homosexuales, y hay envolturas de condones en el piso o junto a la computadora.

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